Debo decir que sólo tengo tres horas de sueño. Algo para nada normal en mí, que acostumbro dormir mis saludables ocho, nueve, diez, once, incluso doce horas. Y no, no es que haya estado de joda (bueno sí, pero más temprano, cuando llegué a mi casa podría haber dormido tranquilamente unas ocho horas), sino que anoche se agolpó en mi cabeza todo el caos de pensamientos que mas o menos venía controlando hasta ahora.
Se me hizo insoportable, echa bolita bajo las sábanas, cerrando con fuerza los ojos y apretando la cara contra la almohada, rodeando mi cabeza con los brazos, en un tenso y vano intento por frenar el ejército audiovisual inventado que se arremolinaba ,y atormentaba a mis frágiles neuronas. Llegó a dolerme el cerebro.
Por eso, a pesar de haberme ido a acostar a las dos y media de la madrugada, a las cuatro me encontraba hundida en el sofá con los ojos rojos fijos en un capítulo de The Big Bang Theory. Una decisión muy sabia de mi parte, ya que con eso logré distraer mi mente y no pensar ni atraer nada, porque mi imaginación en aquellas horas de la mañana no eran lo que se dice positivas. Casi lloro. Caaaaasi.
No voy a intentar describir acá las imágenes y situaciones que recreé en mi mente la pasada noche, ya que son bastante (muy, demasiado) gráficas y me sentiría muy vulnerable. Sí, algo de sentido de la privacidad todavía tengo. No es como dice mamá: no tenés vida privada. Tengo pensamientos privados, lo que publico acá tan solo es la mitad (o menos) de todo lo que pienso. Pienso, imagino, invento, recuerdo, etc, etc,etc.
Escribo un montón de pelotudeces cuando todo se podría resumir en "te extraño, quiero que vuelvas".
No hay comentarios:
Publicar un comentario