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miércoles, 26 de noviembre de 2014

Una nota desafinada

Una nota desafinada sonó como mi vida en estos momentos. Hace cinco días que a la guitarra de mi existencia se le aflojó una cuerda. Una pequeña, reciente, pero muy importante cuerda. Se trata de una cuerda peluda, un poco caprichosa, con carácter, independiente, curiosa, rayada, hiperactiva, cariñosa. Generaba la nota de un miau.
Esta cuerda ya tuvo que ser reparada antes. Hace un año y medio, mientras yo estaba atenta componiendo melodías, explorando con las otras cuerdas y notas de mi guitarra, la pequeña cuerda peluda, en ese momento absolutamente negra, se cortó. Debo admitir que me sorprendí sobremanera. Era una cuerda sumamente fuerte, resistente, joven y elegante. Pero a veces alguien trae una pinza, un alicate, y puede superar cierta dureza. Fue doloroso, claro que sí. Era una de mis cuerdas favoritas. Lloré por la pérdida, por supuesto, pero sabía que ahora sus notas conformarían su melodía en un lugar mejor, más armonioso, y desde allí podría yo escuchar las nuevas canciones. Bellas nuevas canciones.
Al tiempo decidí… la palabra no es “reemplazar”. Una cuerda en tu vida no puede ser reemplazada por otra, no podrá ocupar exactamente el mismo lugar ni sus notas sonarán igual. Al tiempo decidí sumar una nueva cuerda miau. Me prometí a mí misma cuidar de esa cuerda, amarla y disfrutar de sus melodías hasta que por razones naturales estas se escuchen en aquel sitio más armonioso, donde sus notas se unan con la cuerda negra. Apenas un año después me defraudo a mí misma, y hace cinco días que la cuerda se aflojó, contra todo pronóstico. Aún no me lo perdono. No sé si me lo perdonaré del todo.
La guitarra de mi vida suena desafinada. La cuerda peluda y rayada se aflojó, y la clavija para afinarla desapareció. Las melodías ya no son las mismas, se tornan dolorosas y ausentes, les falta una nota que se había vuelto primordial. Es una nota perdida, mas no cortada. Esta vez no hubo pinzas ni alicates, solo evaporación. La incertidumbre me tortura. ¿Dónde está? ¿Tirado, perdido, abandonado? ¿Acaso mi cuerda estará generando melodías en otra guitarra? ¿Es cuestión de esperar, de tener fe en que volverá?
Mientras tanto, una nota desafinada suena como mi vida cuando vos, Milo, no estás.
Te extraño.

martes, 24 de junio de 2014

Qué macana

No es nada grave. Pensá con amor hacia vos. Como si fuera tan fácil. Enfocate en tu objetivo. Sí, sí, okey.

Quizás esté exagerando (de hecho, obviamente estoy exagerando), pero lo cierto es que no me resulta nada agradable quedarme atrás, viendo como casi todos están un pasito más cerca de sus metas. Yo siento que sigo parada en el mismo lugar que a principio de año, si no retrocedí. A lo mejor subestimé la facultad, o me sobreestimé a mí misma. Ver cómo algunas personas rendían el CBC en apenas un año, sin aparentes mayores dificultades, me hizo tomar una confianza infundada en mí misma. Una confianza que flaquea al observar a mis cercanos cumpliendo efectivamente esas expectativas, metiendo materias, mientras yo hasta ahora no fui capaz de un mísero cuatro.

No me consuela que la profesora de matemática me diga: Bueno, un 3 es una buena nota también. No es buena, porque no es suficiente. Y me hace retroceder. Me desanima, me desmotiva, un tres, para mí, son tres golpes de martillo sobre mi cabeza, hundiéndome en el suelo, estancándome en el mismo lugar. Siguiente semana, otro tres. Y otros tres martillazos en la cabeza. Cada maqueta echa de cero, son otros dos golpes más.

Siento que no estoy preparada, que no soy capaz para enfrentar esto. Incluso mi vieja cree que no soy capaz. Me sugirió hacer menos materias el cuatrimestre que viene, y probar cursos en algún instituto. De todas maneras se retrasa mi ingreso a la carrera, se alarga mi permanencia en el CBC, alejándome de la graduación. Escribiendo Fracasada en mi frente. Fracasada, Mediocre. Gente juntando los labios en un gesto de “Uy, che, que macana” Qué macana que seas tan inútil, Magalí. Que macana que tu cerebro no esté a nivel universitario. ¿En qué momento te volviste tan tonta?


No estoy logrando pensar con amor hacia mí. 

viernes, 11 de octubre de 2013

Desconexión

Sé que todavía faltan dos meses para que este año termine, pero voy a hacer de cuenta por un momento que mi deseo se vuelve realidad, y de alguna manera viajé en el tiempo hasta el 30 de diciembre, fecha en la cual puedo dar mi opinión respecto a lo que el 2013 representó para mí. Quizás te preguntes cuál es mi apuro… bueno, dado que ya pasó más de la mitad del año, casi puedo saber qué características predominaron a lo largo de estos meses. Y debo admitir que estas características hacen que quiera dejar todo esto atrás de una vez por todas, y una manera de apurar el trámite sería con el lavado de cabeza que se produce durante las vacaciones, cuando hay tiempo para descansar sin culpa.
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Tengo una increíble facilidad para hacerme mierda sola, hablando claro y pronto. Quiero decir, los pocos avances que logré en estos - ¿Ya? – seis meses, los tiré a la basura en dos semanas. Así de fácil. Solo tuve que hacer presencia, y mi humilde mundito precariamente construido de superficialidades, se desmoronó ante el primer aliento de su voz. Mmm.. nah, exagero. En realidad todo se arruinó hoy, que tuve más tiempo para prestar atención. 
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Evidentemente no puedo conectarme con nada. Fue un año de distancia; los acontecimientos acaecidos en marzo, de alguna manera, me hicieron poner en off las emociones (mejor dicho, la expresión de las mismas) y por eso hace meses que no escribo nada decente en el blog. Cosa que me atormentó sobremanera. Donde antes había entre 5 y 7 entradas por mes, ahora había tan solo una, y muy tirada de los pelos. Es decir, “Mediocre” no es una entrada. No es un texto. Es tan solo una palabra idiota que buscaba rellenar el vacío de Barrita de Bonobon. En resumen: una porquería. Y debo decir que continuar con esta entrada también me está costando mucho. ¿Por qué? Porque no estoy conectada. Hace un par de semanas asistí a un taller de EFT (Técnica de Liberación Emocional), pero no pude experimentar ningún resultado, debido a mi falta de concentración. Siempre estoy cansada a pesar de no hacer demasiadas cosas durante el día, e involucionó mi capacidad de hablar en público. Desde marzo, mi principal compañía es la tristeza, la envidia, el apego excesivo. Me pierdo en mis cavilaciones con demasiada frecuencia y pronto olvido lo que estaba pensando. La gente me resulta poco interesante, y dejo pasar oportunidades. Y cuando, a pesar de mi evidente desinterés, alguien intenta inmiscuirse en mis afectos, me irrito y corto todo a menos diez. Y no sé qué más escribir, porque estoy desconectada. Y soy bastante idiota.

martes, 19 de marzo de 2013

Cerrar la puerta


Lo bueno de ser una persona bastante negativa es que no suelo sorprenderme para mal. Prefiero prepararme para lo peor, y si me equivoco, si las cosas salen bien para mí, me sorprendo gratamente. Al menos esa es mi teoría. Hasta ahora nunca pude comprobar la segunda parte, ya que mis pronósticos siempre fueron acertados y por ende, siempre me fue mal. Pero al menos ya estaba preparada.
O eso quiero creer.
De cualquier manera, es lo mismo. Porque me duele igual, en mayor o menor medida. Y no sé si prefiero un dolor bastante tenue pero constante durante tres meses, o un dolor agudo de sopetón. Al primero una termina por acostumbrarse, y sólo se intensifica cuando llega al final. Ahora, se intensificó. Pero ya lleva un tiempito doliendo. Y supongo que pasará otro tiempito hasta que desaparezca. Mientras tanto ¿Qué?
Melancolía.
Mi programa de casi todas las noches. Y bueno, qué mejor ambiente para una escena dramática que una noche solitaria, con la música adjunta en esta entrada sonando a todo volumen en mis oídos. Lágrimas, infaltables. Aunque ya es hiper habitual, en cualquier lugar, por cualquier razón. Siento que estoy más sensible ahora que hace un año. Más llorona, también.
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Creo que no me conocías así, y la verdad yo tampoco. Me refiero, nunca cerré la puerta dejando a alguien que quiero del lado de afuera, excepto cuando nos despedimos.
Ahora que lo pienso, aquello fue una despedida ¿no? Tiene que haberlo sido, por eso tanto dolor. De mi parte, hay que aclarar. Tus silencios prolongados dijeron que para vos sería tan fácil. Solo te jodería. Me pregunto cuánto te durará lo "jodido". ¿Cuántos días? ¿O serán horas, minutos? Tal vez tu malestar haya durado lo que tardaste en llegar a tu casa. Quizás ni siquiera la incomodidad llegó a la esquina.
Y a mí me dolió cada mirada que esquivé, cada vuelta de llave, cada segundo que estuviste ahí, helado, de espaldas a la reja. Y yo mirándote, sin saber que hacer. Conteniendo las ganas de abrir la puerta y abrazarte, a pesar de que no podamos ponernos de acuerdo.
Me encantaría poder aceptar tu propuesta. Me encantaría mantener tu misma postura, indolente, distante, superficial. Pero no puedo, no soy yo. 
Sufro con vos, sufro sin vos. Y es la tortuosa ambigüedad de todo enamorado-no-correspondido, o en su variante contemporánea: enamorado-no-correspondido-como-él-quisiera. Lo cual, a mí parecer, es tanto o más insoportable. Porque está en el medio, no es ni una cosa ni la otra, es el maldito y complicado gris: te quiero pero no tanto. Me gusta estar con vos pero no quiero estar con vos. Sí pero no. No sé. Tal vez. Podría ser. Pero...
Puedo asegurar que estar en ese gris durante (redondeemos) un año, no es lindo. Más desagradable aún cuando intentás aclarar u oscurecer el gris, pero el otro no hace caso. El otro es cómodo y deja que vos decidas todo. Total, si sufrís: vos lo elegiste. Vos te autoinvitaste. Vos elegiste salir con un raro como yo.
Y da más bronca y más tristeza cuando una cae en la cuenta de que el otro tiene razón. Es horrible pero necesario caer en la cuenta de varias cosas. Hacer un click de los muchos clicks que el otro te describió alguna vez.
Entonces cuando caes en la cuenta de que vos misma elegiste esto, te ves en la obligación de revertirlo, de elegir justo lo contrario. Es peor cuando elegís lo contrario impulsada por un deber, y porque te das cuenta que no das más, que es demasiado dolor, demasiado constante. Porque si lo eligiera porque ya no lo quiero, sería algo muy distinto.

No sé cómo cerrar esta entrada. Hubo varias frases de cierre que pasé por alto. Así que utilizaré el poco sutil:
CHAU.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Noche buena pobre

Aclaración 1- Para leer un lindo mensaje de Navidad, ignore la parte A, y lea directamente la parte B.
Aclaración 2- Si lee la parte A puede pensar que soy una psicópata agresiva.
Aclaración 3- Hasta donde yo sé, solo soy una pibita con problemas.
___________________Parte A___________________
Creo que este es el diciembre más pobre en la pobre historia de mi pobre blog. También, creo que la víspera de noche buena en la que mi humor está más pobre. En la que la paz con mi vieja pende de un hilo, que se rompe y volvemos a anudar vagamente varias veces desde el jueves. Cuando ninguna quiere admitir la culpa, y cuando yo no puedo pensar con claridad. No me considero una persona muy estable, mi humor puede cambiar diez veces en una hora, y cualquier cosa puede molestarme, irritarme, enojarme. A veces hago cosas sin saber por qué, y luego me arrepiento profundamente. A veces, también, lo único que puedo sentir en mi interior es el fuego abrasante de la furia. Y mi dramatismo provoca querer arrancarme los pelos, cerrar los ojos, gritar con todas mis fuerzas y desaparecer. O que todo a mi alrededor desaparezca. En esos momentos siento como si mis órganos se agitaran y chocaran contra las paredes de mi torso, veo todo rojo, y una fuerza imposible de ignorar quiere salir de mí por donde sea, a modo de agonía. Pierdo el control de mi voz, de mis ojos furiosamente abiertos, siento todo arder, todo agitarse, caos. Ya no escucho, no razono,  y todo me duele de una manera que me hace enojar. Siento mis extremidades tensarse y temblar, emanando violencia. No me conozco, y solo ella puede provocar todo esto en mí. Desconozco la razón. 
___________________Parte B___________________
Bueno, les deseo a todos los lectores(?) y los que no leen, también, je, una muy feliz Navidad, Noche Buena, etc. Que la pasen con la mejor onda posible, que deseen con todas sus fuerzas y recuerden que el mejor regalo es estar acompañado y alegre, porque la alegría contagia y genera una hermosa atmósfera. Los quiero, les deseo lo mejor, y todo eso (: No estoy en un momento muy expresivo, pero espero que la pasen muy muy bien. 


jueves, 22 de noviembre de 2012

Chocolate estancado

Sos detestable. Mil veces ya dije que la duda es detestable. Y vos no dejás de generar dudas. Te detesto. Por momentos (como este), no quiero saber más nada. Me dan ganas de dejar todo acá. Sufro tanto. Ya sé que en gran parte es mi culpa. Mía, y de mi cabeza tan desmesuradamente melodramática. La paso tan mal, te juro. No puedo ver nada de lo que hacés, nada. Y al mismo tiempo, es más fuerte que yo y mi masoquismo no asumido me obliga a mirar. Y lloro, pataleo, grito y me arranco los pelos. Ok, tanto no. Pero por dentro, no estoy muy lejos de llegar a tal punto de desesperación.
Me acabas de arruinar una chocolatada. Terminaba felizmente de prepararme una chocolatada, con galletitas y todo. Se me estaba pasando el arranque de nosequé que me agarró al mediodía al caminar como una autómata sabiendo, en el fondo, que no me seguías. Y no se me ocurre mejor idea que stalkearte, como para no perder la costumbre. Me quitaste todo deseo de chocolatada que tenía. Decime ¿Ahora qué mierda hago con la taza llena al lado mío? No la voy a meter en la heladera para tomarla después, porque sé que eso nunca va a pasar. No me gustan las tazas con contenido viejo en la heladera. Me repugnan. Como me repugnás vos. Bah, me repugna esta sensación, que dejo que produzcas en mí. Mi culpa.
Me da mucha bronca que estés compartiendo algo con alguien que tranquilamente (deseablemente, preferentemente) podrías compartir conmigo. Me hace mal. Me estoy volviendo loca, no sé. No estoy en mi mejor momento, de eso no hay duda. Lo único que quiero hacer es reventarme la cabeza contra la pared; o meterme bajo las sábanas y mojar la almohada con lágrimas derrochadas en indicios que creo ver. ¿Están ahi o no? No tengo la más puta idea. Y vos sos tán hermético que me resulta imposible hablar con vos. ¿Cómo tengo que interpretar tu silencio? ¿Tu evidente incomodidad? ¿Tu debilidad? ¿Tu personalidad tan rara?
No jodés cuando decís que sos anormal. Cada día estoy más segura de eso.
El chocolate se estanca en el fondo de la taza, y la revuelvo una y otra vez, sin el más mínimo apetito.
 La cabeza me explota. No voy a estudiar. A estas alturas me chupa un huevo. También sé que voy a terminar haciendo el único miserable punto del tp que me toca, a las 11 de la noche, tras un ataque de nervios por la hora que es, el sueño, lo atacado durante el día, y mi paranoia continua.
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Qué ridícula me acabo de sentir parada al lado del microondas, sollozando (patéticamente, con lo ojos cerrados y completamente erguida) con una servilleta de papel apretando mis fosas nasales. Este tipo de llanto me recuerda al que me acosaba hace exactamente un año atrás. ¿Qué, es la época? Odio noviembre. El mes de la desesperación. Tres años seguidos con la misma sensación en el mismo momento. Pero dedicado a personas diferentes. Me pregunto quién será la causa de mis lágrimas el año que viene. ¿El fin de mi etapa escolar? Puede ser, eso supondría un cambio por lo menos.
Qué fácil sería todo si... ß Imposibilidad de terminar la frase a causa de más lágrimas. ¿Imbécil? Nah, ni ahí.
Una mosca ronda mi chocolatada, con evidente interés. Bueno, por lo menos alguien quiere tomarse la asquerosidad de chocolate estancado que tengo al lado.
En algún momento voy a tener que enfrentarme a tu incomodidad, y plantearte un par de cosas. Igual, de a poco me voy hartando de plantearte cosas. Sos tan inactivo, la re puta que te parió. También me estoy cansando de ser una simple sospecha en tu entorno. No existo. No soy ni una cosa ni la otra. Sigo haciendo equilibrio. Encima, ese apodo horrible que me pusiste como una especie de código. Apodo horrible, un asco, lo detesté desde que me contaste la anécdota de su origen. ¿Por qué no puedo ser Magui?
Me imagino tus conversaciones.
- Mañana voy al cine..
- ¿Con quién?
- Eh... Huu.. Ehh.. Ahm.. con.. eh.. con..
- ¡Con -ingrese apodo detestable aquí- !
- Jajaja, sí.
Agh, lo odio! ¿En serio tan mal la vas a pasar si blanqueás un toque las cosas? No sé que terrorífica idea tendrás de aclarar nuestro estado. No sé qué te imaginás que pueda pasar después. No sé si ya dije esto (soy consciente de que soy reiterativa, pero ya ni me acuerdo qué cosas dije, qué cosas escribí y qué cosas pensé) : Puedo aceptar tu inexplicable y exagerada vergüenza, pero no la comparto ni la entiendo.
Como no la entiendo, paso a elaborar hipótesis. Y no descarto nada, simplemente porque aún no puedo comprobar nada (Entiéndase por comprobación: preguntarte y que me respondas lo más sinceramente posible. Todavía no junté valor). Una de mis hipótesis, la más temible, desde mi punto de vista, es a) que nunca hayas tenido real interés -enotracosa- y te lleves el premio al actor del año. Otra, b) que simplemente seas excesivamente tímido y autolimitado. c) que planees dejar todo en un futuro cercano y no sepas cómo decírmelo d) que efectivamente tengas todo planeado y sepas cuándo es el momento de decírmelo.
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Tengo amigas videntes, eh. Me voy a hablar por telefono, no me queda otra que dar por terminada esta entrada, o sé que no la voy a publicar más.  
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Ay, qué lindo se siente descargar.

viernes, 16 de noviembre de 2012

No me abandones

Creo que, en algún momento, te terminás encariñando con aquel que detestaste durante tantos años. Te encariñás cuando comienza a volverse necesario, y realmente no querés que te abandone. Muchas veces me olvidé de él, cayó de sorpresa y para colmo fue recibido con mala cara. ¿Será por eso que ya no querrá visitarme más?
Es de personalidad complicada.. cuesta acostumbrarse a él, no tiene esa facilidad para "hacerse querer", pero a la larga, como ya dije, lo logra.
No tiene sentido que se enoje conmigo ahora, hace meses que pienso en él casi constantemente, deseando verlo cuando es estipulado. Con un poco de ayuda se volvió puntual, para mi gran alegría. No más sorpresas, y eso hizo que me encariñase.
Por eso ruego que no me abandone, lo quiero, lo necesito, aún no estoy lista para deshacerme de él. ¡Volvé, por favor! Te extraño, no retrases más tu llegada, a menos que quieras que la contractura del hombro se termine de convertir en piedra, irreversible, pesada. Y vos no querés eso, porque, aunque me costó admitirlo, ya sos parte de mí.
Intento tranquilizarme, consolarme a mí misma insistiendo e insistiendo que en algún momento volveré a verte, en un futuro cercano me encontraré con vos nuevamente. En cuestión de días. Es lo que más quiero, en estos momentos. Sino, no sé que voy a hacer. No lo sé.

jueves, 4 de octubre de 2012

El Juego II

- Calmate, por favor. Respirá hondo, pensá lo que hacés - suplicó aquella chica de rasgos rapaces. Su máscara impasible se había hecho añicos hacía un rato, cuando descubrió lo peligroso que era jugar con fuego. 
- Vos pensá lo que hacés, cara de buitre - amenazó Amanda. Difícilmente algo pudiera sacar a la luz el verdadero lado agresivo de esta chica tan tranquila e inofensiva. Pero la desconocida había dado en el clavo, y ahora debía enfrentarse a las consecuencias.
- ¡Calmate, por favor, que yo no tengo la culpa de nada! - exclamaba aterrada la Buitre, mostrando las palmas en gesto de rendición.
- ¡Cayó el rocío, cayó el rocío! ¿No entendés, estúpida? - le espetó Amanda, histérica. - Todo era cierto. ¡Tenía razón! ¡Y yo no quería creerle! Cayó el rocío. Se acerca el final. ¡Voy a morir! ¡Y todo por tu culpa! ¡Por un maldito pájaro! Voy a terminar con todo. - se oyó un chasquido, y la Buitre profirió un grito de horror.
- ¡No! ¡No! ¡Por favor! - buscó con la mirada al que había provocado todo aquello. - ¡Mauro! ¡Ayudame! ¡Controlala, decile que pare! ¡Mauro!
Mauro se hallaba congelado en un rincón de la habitación, con los ojos fijos en la situación, no daba crédito. Su helada incomodidad se podía sentir á kilómetros de distancia. Amanda no lo miraba, en cambio, apuntaba todavía a la Buitre, la inminente amenaza. Las lágrimas, mezcla de bronca y una profunda desilusión, dibujaban agónicos surcos en sus mejillas encendidas. Quería acabar con todo.
La Buitre imploraba ayuda a Mauro, quien al final lo único que pudo articular fue:
- Amanda... calmate.
Solo al escuchar su nombre, sus ojos se encontraron con los de Mauro. Sus piernas temblaron y su expresión trastornada flaqueó. Él le mantuvo la mirada durante unos segundos, hasta que Amanda finalmente aflojó su posición. Los dos restantes suspiraron aliviados. Pero Amanda siguió aflojándose, cayendo de rodillas al suelo, tapándose el rostro con los manos. Sus sollozos llenaron la habitación. La Buitre se mimetizó con las paredes y desapareció, mientras Mauro se acercaba dubitativo a "la trastornada". No se atrevió a tocarla, simplemente se quedó allí, en cuclillas a su lado, sin hablar. Es que, en realidad, era Amanda la que murmuraba cosas entre el llanto. El chico hizo un esfuerzo por entender algo... Amanda hablaba casi sin pausas, pero se dificultaba la comprensión debido a lo inaudible de su voz, y el constante agite causado por las lágrimas. 
- Cayó el rocío. Luego precipitó, precipitó. Se viene la tormenta, y luego nada. No queda nada. Nada de mí, nada de vos. Sólo la nostalgia que viene despues del miedo. El miedo, la no-sorpresa, y la nostalgia. Tres etapas que ya conozco ¿Vos las conocés? El miedo a lo que podría suceder, te anticipás, casi lo esperás. Cuando sucede, no te sorprendés, pero igualmente te duele, como si te apretaran el pecho con el extremo de un palo de escoba. Justo ahí, un poco a la izquierda. Yo la siento, justo ahora. La sensación psicológica de que te estrujan el corazón. ¿Vos no la sentís, Mauro? ¿Sentís algo, aunque sea? 
 Silencio.
-No esperaba que respondas. Es el mismo proceso, una y otra vez. Una y otra vez. Temo, no espero, y me da nostalgia. Todavía no siento nostalgia, pero supongo que la sentiré mañana. Cuando estés lejos, en otros brazos.
Más silencio.
- Intenté decirtelo, te juro que lo intenté - siguió sollozando Amanda. -. De alguna manera te lo dije... Ojalá lo hayas captado. Aunque de nada sirve, ya que evidentemente hiciste caso omiso. Sino no estaría acá, así. Ya me habría ido antes. O no. O tal vez nada hubiera cambiado, y estaríamos en esta misma situación ¿Quién sabe? Me siento mal. No te puedo reclamar nada, ni obligar a nada, ni quiero hacerlo. Lo que te puedo pedir... Soy débil, no soporto todo esto. Lo que sí te puedo pedir, es que si preferís abrazar a mucha gente, a mí ya no me abraces.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Nada quita que me de bronca

- Todo no se puede, imbécil.
- Lo cual no quita que me de bronca.
- Es una elección tuya. Todo no se puede, listo. Es al pedo engancharte por algo que no tiene solución, pelotuda. Dejá de comportarte como una enferma caprichosa, dale.
- tiene solución. se puede todo. Si lográs organizarte y te dan los tiempos, podés. Por la tarde una cosa, por la noche otra. Simple. El problema es la falta de decisión.
- Uy, ya te vas a poner a llorar. Me cago en vos y tus lágrimas de mierda.
- La falta de decisión es el problema de todo. Si hubiéramos definido las actividades un día antes (no te digo una semana, dos meses de anticipación. Me refiero a un día, 24 horas), hubiera sido muy simple cumplir mis dos deseos. Podrás decirme estructurada, pero facilitaría muchísimo las cosas. Esto de improvisar, hacer equilibrio… no me gusta en absoluto, lo detesto. Una cosa es la espontaneidad, otra muy distinta es la desorganización. Nadie (y me incluyo) se preocupó por definir el destino en su debido momento. Después salió todo a las atropelladas, y no pude disfrutar nada en su totalidad. Día de mierda.
- Dejá de llorar, me duele la cabeza. Sos insoportable.
- A mí también me duele la cabeza. Siempre me duele la cabeza. ¿Quién es la maricona acá? No niego que la pasé bien cuando creí el asunto solucionado. Viendo mi noche ocupada, organicé parte del fin de semana restante. Mirá la suerte que tengo, que llego a mi casa y descubro los planes cambiados, ocupando justo la porción de sábado que yo ya reservé, ésta sí, con una semana de anticipación.
- ¿Qué culpa tienen?
- Si la situación fuera tangible, la cagaría a trompadas.
- Todo no se puede.
- Dejá de decir esas pelotudeces. Si se organiza, se puede.
- Pero no son organizados, y no los vas a cambiar.
- Por eso me gustaría que la situación se convirtiera en papel para poder quemarlo en la hornalla.
- Qué violenta.
- Callate. Nada quita que me de bronca.  

miércoles, 15 de agosto de 2012

Las pruebas de tu permanencia

Es bastante frustrante regresar al cabo de un tiempo y ver que nada ha cambiado pero sin embargo ya nada reconoces. Saber que aquel sitio que tanto te gustó ya solo son recuerdos satisfactorios, que ahora solo te genera confusión. Mirás a tu alrededor, y sí, ese árbol siempre estuvo ahí, el techo de aquella casa siempre fue rojo, y todavía podés recordar las palabras de esa anciana amable que te aconsejó pasear al perro por el sendero marcado. Pero no te encontrás. Reconocés los objetos pero no hallás su esencia. Sos una desconocida en tu propio ámbito. ¿Qué mierda pasó?
Impecable fue tu estadía en aquel entonces. Luego te tomaste vacaciones, y al regresar no pudiste instalarte más. Y ahora querés abandonar por completo. Ya casi ni te interesa obtener las fotografías que dejaste en el pendrive. El pendrive está ahí, vos sabés dónde, pero no lo podés alcanzar. Y como no podés, no querés. Bajás los brazos, le das la espalda al vecindario que con tanto entusiasmo recorriste. Querés convencerte a vos misma de que no querés las fotografías, las pruebas de tu permanencia. 
Sabés que en el futuro, si algún día te preguntan si visitaste aquella ciudad, vos dirás que sí, y manifestarás unos cuantos recuerdos borrosos. Pero tus palabras no serán tan legítimas como si mostraras las fotografías. Querés hacerte creer que no te importa. Que esto, de todas maneras, no es lo tuyo. Que te sirvió para encontrar tu lugar favorito, desde luego; pero el vecindario en su totalidad no es de tu preferencia. Solo la mitad de las casas. Y ya está en tus planes recorrer otras ciudades, adquirir fotografías más relevantes. Pero ésta, no.
Y mirás a tu alrededor intentando reconocer algo, de todas formas. Pestañeas repetidas veces, exprimís tu cerebro hasta provocarte dolor de cabezas. Entonces, caes de bruces sobre la hierba, te volvés chiquita, ignorante, abrazás tu cuerpo intentando contenerte y pegás la cara al suelo mientras las lágrimas comienzan a correr. Sos un simple usuario, otra vez. Y te rendís. Ignorante.  

viernes, 20 de julio de 2012

Contractura

Tengo un hombro más arriba que el otro. Podría decir que es una más de mis incontables deformidades físicas, pero esta vez no lo es. Se trata simplemente de una contractura, gigante y eterna, que insensibiliza mi hombro izquierdo. En serio, pueden ejercer cualquier tipo de presión, y yo no voy a sentir nada. Cuando me hacen masajes, solo siento el apremio sobre el hombro derecho. El izquierdo ni se entera. No es una contractura actual; está ahí desde que supe que existían las contracturas. Pero hay temporadas que el dolor remite, y otras en que la tensión se incrementa.
En este momento, me duele mucho.
No sirvo para esto. Ni siquiera me gusta. ¿En qué mierda me metí? Y no puedo pensar, no puedo hacer más que seguir describiendo síntomas físicos de tensión. Me duele el hombro, y esa zona de la espalda debajo de las costillas. La mandíbula tensa, el ceño endurecido, los labios apretados. Mis huesos quieren enseñarle percusión al mundo. Crac, crac, crac, los dedos. Crac, crac, crac, ladeo la cabeza hacia un lado. Crac, crac, hacia el otro. Y me duele la frente, la cabeza. Mi cutis se brota, Y la re puta madre. Nunca más. Estoy temblando, literalmente.
Sos una histérica, Magalí. Respirá.

martes, 3 de julio de 2012

Cada vez menos

Y nos volvemos a encontrar. Te miro, y no te veo. Te busco, y no me encuentro en vos. ¿Qué te pasó? ¿Qué me pasó? Distancia limitada, condicionada por terceros. No puedo, ni pretendo, despedirme de vos. Sólo… dame un tiempo. Para extrañar necesito tiempo.
El problema está cuando mi espalda encuentra un apoyo en su camino, cuando mi marcha se encuentra bloqueada. Una pared. Ladrillos míos, ladrillos ajenos. Unos más pesados que otros, pero todos necesarios para construir la muralla.
Me planteé varias veces dejarte por completo. Esto ya no es lo mismo, le falta algo. ¿Pasión? ¿Qué, esto es como una relación? ¿Se volvió rutinario, me aburriste? Te amo pero…
No sé si quiero seguir, pero no puedo dejar. Es que las cosas pierden gracia cuando le agregas el “debo…” adelante. “Debo seguir”. “Es mi obligación seguir”. ¿Y si no? ¿Y si no quiero? ¡No quiero continuar! Y veo una patada voladora impactar en mi estómago.
Falta tan poco, y a la vez es tanto tiempo. Si ya estamos acá. No puede ser que nunca termines nada, lo único que quiero es que termines algo. Elegiste esto, bancátela. Son solo dos años más. Un año y medio. Una eternidad.
Si bien por lo general es una cualidad de la que estoy orgullosa, en estos momentos detesto mi sentido práctico. Otra salida… es útil, con sólo diecisiete vas a tener un título, una gran ventaja.
- Es una picardía dejar ahora…
- No es una picardía, es una pelotudez.
Y ahí metiste la cuota de presión que lo único que hace es disminuir las ganas. Como si no estuvieran por agotarse completamente. Siento ese vacío en el estómago cuando veo que llega nuevamente la hora encararte, y me destroza querer decirte que no; también me destruye ceder.
Culpabilidad. Si te dejo seré presa de la culpabilidad. Pero cada vez te disfruto menos.

miércoles, 20 de junio de 2012

Momento

Transitando un momento en el que me siento enferma. Debería tomarme la fiebre de nuevo. Pero no tengo ganas, no quiero levantarme de la silla y caminar hasta el desayunador. Ya engordaste medio kilo sentada ahí, dijo sin saber que cada palabra era un puñetazo impactado en la bolsa de boxeador. Y yo soy la bolsa. Mi labio inferior flaqueó y le lancé una mirada acusadora. El labio tembló más. Ella rió, y se marchó. Ya sería la segunda vez en el día que lloro por pelotudeces. ¿A qué se debe? ¿Las hormonas? Tengo esa costumbre de adjudicar todo malestar a las hormonas femeninas. Es que no encuentro otra razón. Después de los cuarenta mejores minutos del día, no podía quejarme. Mis deseos habían sido escuchados, transmitidos. Y después, me sentí enferma. Como para arruinar ¿viste? Feriado aplastante y aplastado.
Dolor de cabeza, debilidad corporal, y aún así seguís acá. Sentada. Barajaste la posibilidad de irte a dormir temprano, pero ya no tenés cama. Está en reparación. No dijiste nada. Hoy no dijiste nada importante. Pensaste cosas importantes, tal vez, pero no las dijiste. Y te duele la cabeza.
Qué retorcida sos. Y ya empezaste a hablarte como segunda persona. Eso pasa cuando empezás a cagarte a pedo ¿no? Pelotuda.
Te merecés un par de trompadas. Sabés que lo más llamativo de vos no está ahí, no es tu fuerte. ¿Cuántas veces hablamos esto? Sos repetitiva, eh. Cansás. Sé que no es fácil convivir entre personas que reúnen todas las cualidades que a vos te faltan. Pero a vos te va mejor, y lo sabés. Tu problema no es una baja autoestima, te querés bastante. Pero bueno, te gusta centrarte en tus puntos débiles. El error está cuando, en vez de ponerte en acción, te quejás. Quejosa, quejosa, quejosa. Como ahora.
En este momento, te odio.

sábado, 9 de junio de 2012

Hago todo lo posible, pero no.

Okey. Mirá que hago lo posible, eh. Hago todo lo posible. Pienso en todas las cosas que tenemos en común, pienso que si hubiéramos empezado con el pie derecho, nuestra amistad habría sido posible. Pienso que si no fuera por ese detalle, te invitaría a mi casa a comer pizza con las chicas y compartiríamos salidas, nos cagaríamos de risa y nos recomendaríamos canciones mutuamente.
Pero evidentemente, todos mis intentos de autoaplacarme son derrumbados cuando vos decidís tocar la única nota que altera mis nervios. Al menos, en lo referente a vos. Nunca me perturbé tanto por una cosa así. Será porque en realidad no tengo nada para decir en contra tuyo, y eso me frustra. Me frustra no poder mirarte sobre el hombro, me frustra que seas tan normal, que para todo el mundo seas perfectamente normal y corriente, y yo sea la única que ve en vos una oportunista. Me siento sumamente amenazada. No te das una idea. Agradezco que te haya dejado en evidencia. A pesar de la bronca por la que soy dominada en estos momentos, que no te quepa duda alguna de que algún comentario voy a soltar.

martes, 1 de mayo de 2012

¿Dónde está tu cerebro?


¿Qué? ¿Ahora resulta que tampoco te quedan palabras para mí? ¿Dónde está tu cerebro? Empiezo a creer que desapareció, que se desintegró. Así de simple me abandonás. Me dejás tirado. Te dejás llevar por una opinión represora, y me apartás. Y así terminaste. Notás que algo te falta. Yo. Te falto yo. Y es completamente tu culpa. Creo que la cartelera de entrada que vos misma elegiste (Hay una cabeza que no tiene paz), nunca hizo tanto honor a tu estado como lo hace ahora. Definitivamente, no tenés paz, estás hecha un mamarracho, y hasta empiezo a dudar de tu verdadera capacidad. O antes te tenía demasiada estima, o de repente intercambiaste cerebros con un ñandú. Que esconde la cabeza bajo tierra. ¿Esa sos vos? ¿Así de cagona? Sabía que eras temerosa e insegura, pero creía que la terapia hacía efecto. Estabas mejor. ¿Qué te pasó? No te entiendo, la verdad que no te entiendo. Sos una superficial, hueca. Tu cráneo hace eco. Se te licuó el cerebro, chabona. ¿Qué onda?
Barajaste mil opciones y descartaste todas. Entonces ¿Para qué? Parece que te afecta de verdad. Te gustaba sentirte inteligente con lo anterior, pero más te gusta cuando piensan por sí mismos. Me parece perfecto, pero no contabas con el hecho de ser vos la estúpida. Fantaseabas con una charla de igual a igual sobre física cuántica. Y descubriste que no es así. Y entre que reúne todas las cualidades que deseabas, y que encima no tenés un IQ de 320, lo poco de pensamientos útiles que tenías se redujeron a cero, y lo que queda en tu cabecita son reiterativos e infinitos comentarios idiotas más acordes a una mente de siete años que a una de dieciséis. Esa no eras vos. No que yo sepa, no era lo que mostrabas.
Dejaste de dibujar, dejaste de escribir. Sos una trucha. Tocar siempre el mismo vals en el piano no te convierte en pianista. ¿Dónde tenés la cabeza? Demasiado ocupada en vos misma. Te olvidás de todo, de frases, de momentos. Los fragmentos más relevantes desaparecen de tu mente y solo queda una conclusión colgada, estudiada de memoria, sin argumentos, sin fundamentos, sin un camino que converja. No sé qué te pasó. Pero vamos mal.

viernes, 13 de abril de 2012

Chau, nitidez


R.I.P
Los voy a extrañar.
Los que sigan, por favor, apúrense en llegar.

viernes, 6 de abril de 2012

Boicoteando tus planes

No es tuyo. No es tuyo. No es tuyo. No es tuyo. No es tuyo. No es tuyo. 
Qué duro ¿no? Lo mal que se siente la incertidumbre. El miedo. Tan insegura, pero tan insegura, que tu cabeza se volvió un infierno al encontrar un indicio. Una competencia. No sos la única, aunque eso ya lo sabías. Te lo habían dicho, te lo dijo, y aún así sentís cómo una mano fría e invisible, probablemente la mano del miedo, aprieta tu corazón como si quisiera exprimir una naranja. Congela tus arterias, y el agua del deshielo corre por tus venas llegando a todas tus extremidades. Estás aterrada, y te preguntás por qué carajo no elegís el camino fácil. Al costado de tu ruta se abre un camino, soleado y floreado, que te llevaría hacia la calidez garantizada. Pero no te gusta, no como para tomarlo. Demasiado rosa, demasiado cuento de Disney. Preferís Harry Potter, esa aureola de misterio, la magia que se comprende por la experiencia, las pistas que hay que seguir, el rompecabezas que hay que armar. Te atrapa. Lo cual, para qué negarlo, es una mierda. Porque no sos Hermione, no sos McGonagall, ni Luna Lovegood, Bellatrix, Ginny, Rowena Ravenclaw. No. Vos sos una princesita cursi de Disney que se quiere pasar al bando de los malos y no le sale. La que se quiere hacer la dura, la inteligente, la estratega, calculadora. Y todo va bien hasta que descubrís que tu objetivo no te pertenece en absoluto. No es tuyo, se pertenece a sí mismo. Y por lo tanto, le pertenece a cualquiera que él quiera. A cuantas personas él quiera pertenecer. Y, si le pertenecés a muchas personas, no le pertenecés a nadie. 
Sentís que están boicoteando tus planes. Y no te parece que solo fuera "una piedra más en el camino". Una piedra más en el camino, que incluso disfrutarías sortear, sería su frialdad, su temor. Pero no, cuando esa piedra en el camino tiene cuerpo humano, ojos, pestañas, sonrisa, y (lo peor de todo) tiene personalidad, y sabe hablar, no te permitís margen de error. Con un error podrías perderlo todo, y estos dos meses solo hubieran servido para construir y destruir otra ilusión. Serías una princesita de Disney que no tiene final feliz. Chau chau adiós. ¿Vas a permitir que esto ocurra? ¿No? Bueno, ¿Qué vas a hacer? ¿Te vas a hacer pis sobre sus zapatillas para marcar territorio? Pensalo. Estúpida. 

viernes, 16 de marzo de 2012

No son válidos.

Tan desconfiada, tan insegura. El mínimo detonante hace que mi corazón se dispare latiendo desesperado, intentando escapar en vano de las preguntas que empiezan a llenar mi cabeza. Algo que se suponía que ya sabía, pero me había convencido de que era algo sin importancia, tal vez una percepción errónea de quien me lo confió. Pero salido de su boca, todo es diferente. 
Reapareció el ya conocido puñetazo en la boca del estómago, aquella pesada piedra alojándose entre las costillas, en el medio de mi torso. Desilusión. Y desconfío. Desconfío de todos. De la situación. Me molestan las circunstancias, y esos jamás admitidos celos que rugen enfurecidos se niegan a callarse, a reflexionar. Porque esos celos no son válidos. Nunca lo son. 
Acordate lo que hablamos... no te aferres, no te aferres. ¿Demasiado tarde? Qué fácil sos. Respirá, por lo menos. Respirá, calmate. En su momento, será lo que tenga que ser

viernes, 17 de febrero de 2012

En exclusiva con Llanto y Paranoia

Los últimos sucesos aquí ocurridos llevaron a un recambio bastante importante de emociones, en el cual nos despedimos de Confianza Incondicional y Seguridad, para dar lugar a personajes como Traición, Desdicha y Ruptura. Estos son tiempos difíciles, mis queridos amigos, y hoy tenemos la posibilidad de charlar con Llanto y Paranoia, esta neurótica pareja protagonista de la mente de Magalí, en una entrevista exclusiva para 
Barrita de Bonobon

Bienvenidos. ¿Cómo están?
Llanto- La verdad, estoy empapado de tranquilidad. Me gusta mucho la posibilidad de lagrimear para una revista como Barrita de Bonobon.
Paranoia- ¿Me preguntás a mí? ¿Yo? Eh.. bien bien.. ¿Preguntás por algo en especial? ¿Por qué estaría mal?

Me alegro mucho. Cuéntennos, ¿Cómo fue que llegaron acá, a la cabeza de Magui?
P- Bueno, nosotros estábamos buscando hace bastante una residencia que abasteciera nuestras necesidades. Nos fijamos exclusivamente en mentes adolescentes, y si eran de una chica, mejor. Ya se sabe que las nenas son más propensas a llevarse mal entre sí, a tener problemas entre ellas.. Nos avisó nuestra amiga Traición, nos dijo que por estos lares hubo una crisis y los precios de las residencias bajaron muchísimo. A mí me venía bárbaro. Y bueno, una vez instalada, era inevitable que Llanto me siguiera. 
L- Sí.. el lugar nos encantó. Conseguí trabajo rápidamente y el agua por los ojos corre muy a menudo. Soy requerido por muchas emociones, no esperaba tanta demanda.

¿Pueden explicarnos a qué se dedican exactamente?
L- Como ya dije, yo me encargo de que el agua corra por los ojos. Es descargue, aunque no sólo mediante las lágrimas. Mi campo también abarca gritos, lloriqueos, algún pequeño arranque violento.. Me ocupo de complementar el trabajo de otras emociones vecinas, que sin mí estarían incompletas... Trabajé mucho con Desilusión el año pasado. La verdad, nos llevamos muy bien, pero en estos momentos estoy complementando a Paranoia. 
P- Yo estudié en la escuela de Desconfianza, aunque mi trabajo es un poquito más difícil, ya que no sólo  cuestiono el argumento ajeno, sino que elaboro teorías propias destinadas a atormentar. Últimamente me está yendo muy bien, estoy contenta con mi trabajo; y todo gracias a la crisis, ésta me dejó mucho material sobre el cual crear y argumentar. 

Y la última pregunta... ¿Tienen planes de dejar la mente de Magui en algún futuro?
P- Supongo que nos iremos cuando regresen sus antiguos propietarios. Nos persiguen, siempre. Por lo general encuentra alguna forma de desalojarnos. Casi que estamos resignados, y por eso causamos todos los estragos posibles antes que llegue el momento de marcharnos. 
L- De todas maneras, tengo entendido que Seguridad sigue muy débil como para regresar, y que está recibiendo golpes por todos lados. Confianza ya no cree en casi nadie. La señorita Duda los visita a menudo. Ella dice que son amigos, pero estoy seguro de que Seguridad y Confianza no aprecian mucho su compañía. Igual, no quiero lagrimear de más, por las dudas. No me gustaría que Duda venga a cuestionarme a mí también. 

Bueno, muchísimas gracias por su tiempo, chicos. Los dejo seguir trabajando tranquilos.
P y L- Gracias, Barrita de Bonobon. Disfrutamos mucho esta entrevista. Volvé cuando quieras.