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miércoles, 26 de noviembre de 2014

Una nota desafinada

Una nota desafinada sonó como mi vida en estos momentos. Hace cinco días que a la guitarra de mi existencia se le aflojó una cuerda. Una pequeña, reciente, pero muy importante cuerda. Se trata de una cuerda peluda, un poco caprichosa, con carácter, independiente, curiosa, rayada, hiperactiva, cariñosa. Generaba la nota de un miau.
Esta cuerda ya tuvo que ser reparada antes. Hace un año y medio, mientras yo estaba atenta componiendo melodías, explorando con las otras cuerdas y notas de mi guitarra, la pequeña cuerda peluda, en ese momento absolutamente negra, se cortó. Debo admitir que me sorprendí sobremanera. Era una cuerda sumamente fuerte, resistente, joven y elegante. Pero a veces alguien trae una pinza, un alicate, y puede superar cierta dureza. Fue doloroso, claro que sí. Era una de mis cuerdas favoritas. Lloré por la pérdida, por supuesto, pero sabía que ahora sus notas conformarían su melodía en un lugar mejor, más armonioso, y desde allí podría yo escuchar las nuevas canciones. Bellas nuevas canciones.
Al tiempo decidí… la palabra no es “reemplazar”. Una cuerda en tu vida no puede ser reemplazada por otra, no podrá ocupar exactamente el mismo lugar ni sus notas sonarán igual. Al tiempo decidí sumar una nueva cuerda miau. Me prometí a mí misma cuidar de esa cuerda, amarla y disfrutar de sus melodías hasta que por razones naturales estas se escuchen en aquel sitio más armonioso, donde sus notas se unan con la cuerda negra. Apenas un año después me defraudo a mí misma, y hace cinco días que la cuerda se aflojó, contra todo pronóstico. Aún no me lo perdono. No sé si me lo perdonaré del todo.
La guitarra de mi vida suena desafinada. La cuerda peluda y rayada se aflojó, y la clavija para afinarla desapareció. Las melodías ya no son las mismas, se tornan dolorosas y ausentes, les falta una nota que se había vuelto primordial. Es una nota perdida, mas no cortada. Esta vez no hubo pinzas ni alicates, solo evaporación. La incertidumbre me tortura. ¿Dónde está? ¿Tirado, perdido, abandonado? ¿Acaso mi cuerda estará generando melodías en otra guitarra? ¿Es cuestión de esperar, de tener fe en que volverá?
Mientras tanto, una nota desafinada suena como mi vida cuando vos, Milo, no estás.
Te extraño.

lunes, 11 de marzo de 2013

Manuscrito IV

Ya es al pedo poner notas diciendo que no escribí la fecha.

Caminando bajo el cielo titubeante de Sicilia, Facundo (o quizás Valeria), señaló un afiche publicitario.
- ¿Qué significa Carpe Diem?
Temiendo estar explicando un error, dije que, según había entendido, significaba algo así como "Vivir el Hoy".
Nuestro guía turístico de turno, intervino con una de sus frases flotantes: viví el día como si fuese el último. Opiné que si viviera todos los días como si fuesen el último, jamás adquiriría responsabilidades. Nuestro guía discrepó, y yo no dije más nada. Si dejaba que la conversación se volviera más filosófica, él empezaría con uno de sus interminables discursos y yo solo quería chapotear en paz por las calles de Messina.
Sin embargo, le seguí dando vueltas al asunto en mi cabeza. No estaba de acuerdo con vivir como si fuese el último día por lo ya opinado, pero sí me gustaban las frases "Disfruta las pequeñas cosas" y "Aprovecha las oportunidades". Siguiendo ésta última, ahora me encuentro en Italia; y gracias a la primera soy feliz con una taza de chocolatada. Pero volviendo al asunto de esta entrada (porque está en mis planes publicarlo en el blog), "Aprovecha las oportunidades" me dio buenos frutos este verano (o invierno). Porque entre tanta niebla mental y tanta desilusión adolescente, supo darle bastante emoción a mi estadía en Mammola. Y de paso demostró la importancia de saber idiomas, y me enseñó esto de conocer a alguien sin albergar expectativas a futuro, y lo lindo que suena el acento italiano cuando algún joven te dice:
Bella, ci vediamo... domani, dopo domani... Ci vediamo. 

miércoles, 6 de marzo de 2013

Manuscrito II

Nota: tampoco le puse fecha. Soy estúpida. Pero sospecho que fue durante el viaje a Venecia. 

Momento melancólico del mes. O taciturno. O simplemente demasiado sensible. Hace un rato me percaté de que todo se reduce a una razón biológica, aunque eso no lo hace menos intenso.
Lloro por vos, lloro por una canción, por un recuerdo de mis 15 Años, por todo.
Menos mal que traje esta libretita, si bien hubiese preferido un cuaderno más grande. Pero escribir a mano en un tren le da algo especial al asunto. Extrañaba escribir, extrañaba mi escape.
Tras unos pocos párrafos me siento mucho mejor. O tal vez se deba a las gotitas mágicas, o al reggae optimista que retumba en mis oídos.
Sinceramente, me gusta esto de estar sola. Lo más sola que se pueda, al menos no tengo que hablar con nadie, ni escuchar peleas estúpidas de hermanos Me gusta más la voz de Lily Allen.
A esto es a lo que estoy acostumbrada, y desde hace diez días que no disfruto de mi tranquila soledad, aunque la soledad me lleva a pensar, y de una manera u otra mis cavilaciones terminan en vos y mis ganas de verte. Estoy hasta las manos.

martes, 22 de enero de 2013

Me retracto

Había escrito toda una cosa desarrollada sobre que no sabía en qué pensaba cuando escribí la entrada anterior y todo eso, porque es obvio que no me voy a aburrir, y que empiezo a sentir la emoción por el viaje, y todo eso.
Pero se me borró.
Por eso ahora publico esto. Como para que quede claro que me retracto absolutamente de todo lo dicho en mi entrada anterior. 
Me retracto.

viernes, 18 de enero de 2013

Incorrecto

Enero se está caracterizando por sentir y pensar cosas que en realidad no debería sentir y pensar. Siento y pienso cosas que no van de acuerdo a lo que me está pasando, cosas que no tienen sentido, que parecen ajenas a mi situación. Quiero decir, el jueves próximo me encontraré sentada en un avión, con destino Italia. Se supone que debería estar emocionada, contando los días, ansiosa por estar allá. Pero la verdad, me siento indiferente. Como si el vuelo fuera hacia Las Toninas, sabiendo que voy a pasar el próximo mes lejos de mis amigos, rodeada de familia. 
No sé si será la edad, o qué, pero yo no estoy de acuerdo con lo de "La familia es lo primero". No me malinterpreten, quiero a mi familia. Me caen bien. Tengo la suerte de que en mi entorno familiar no hay disputas y todos se hablan con todos y se juntan a comer asado y gritan y charlan animadamente. Pero es cierto que, si un sábado Cami organiza una tarde de pileta, y justo mi familia decide juntarse a comer, y si pudiera decidir sin quedar mal con nadie, me pondría la malla y caminaría las ocho cuadras para ir a lo de Cami. 
Cuando me invitaron a Italia, mi única preocupación fue "No voy a ver a mis amigos durante un mes". De todas maneras, accedí porque soy consciente de que es una propuesta única e irrepetible. Sin embargo, también tengo en cuenta de que las cosas no se harán como yo quisiera. Sea por un tema económico, o sea por algún capricho, o por pereza, me temo que no aprovecharía el viaje tanto como quisiera. Y le tengo miedo al aburrimiento. Y suplico que le tengan un poco de consideración a mi paciencia, ya que no dispongo de mucha. 
Sí, Mammola es hermosa, me la voy a pasar sacando fotos. ¿Por cuánto tiempo? ¿Una semana? Una vez que empezas a conocer, la cosa pierde el encanto.  
Lo cierto es que no me siento para nada conectada con Italia. Lo cual, no debería ser así. Ahi tengo mis raíces, mis nonnos nacieron allá y tengo sangre italiana. Pero.. por alguna razón, eso no me produce nada. Es algo que no puedo explicar, ni controlar. Podría haber elegido aprender Italiano, pero escogí Francés. Estoy completamente ajena. Mi fin es meramente turístico. Y le tengo miedo al aburrimiento. Tengo miedo a quedarnos estancados en un lugar y tener una vida temporal completamente estática, repetitiva, rutinaria. 
"Te vas a levantar temprano, vas a ir con la nonna al mercadito, a comprar las verduras, vas a volver y a eso de las 10.30 la nonna se pone a cocinar el almuerzo. Van a almorzar, pasta, verduras, lo que se haga en el día (porque allá es todo fresco, se compra en el mismo día y se hace en el mismo día) y tal vez a la tarde vayan a algún lado. Y al otro día lo mismo".
Sinceramente, el mercadito no me interesa en lo más mínimo. Comer comidas típicas o que se acostumbren allá, sí. Pero toda la preparación culinaria no me genera ningún tipo de curiosidad. Bueno, acompañarla al mercadito una vez, dos veces, bien. Pero todos los días así.. Tengo miedo. 
Repito, mi familia me cae bien. Solo que me siento muy ajena a ellos. Nunca tuve demasiada relación con mis abuelos, como sí la tuvieron mis primos. Poquísimas veces me quede a dormir en su casa, y no muchas más fueron las veces en las que mantuve una conversación. No sé por qué, me resulta complicado comunicarme con ellos. En italiano solo sé decir Formaggio y Buongiorno, y cuando hacen mezcla de idiomas ya no les entiendo, y asiento con la cabeza sin tener la menor idea de lo que me dijeron. Es que, en realidad, tampoco tengo interés en aprender a hablar italiano. Sería muy útil, sin duda, pero no me parece un idioma atractivo. En los últimos encuentros me dio la impresión de que no soy la única que se percata de la falta de comunicación, y eso hace que mi nonno se frustre conmigo. Pero, aunque suene duro y cruel, no me interesa hablar italiano!
Pero bueno, algo básico voy a tener que aprender, como para que no me puteen sin que yo me entere o algo así. En fin. Doy por terminada la entrada, fin. 

martes, 20 de noviembre de 2012

11

1. Violín.
2. Taller literario.
3. Más afro.
4. Dibujo.
5. Música.
6. Cine.
7. Verde.
8. Armonía.
9. Lectura.
10. Equilibrio.
11. Arte.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Respirar de nuevo

¡Ay sí, ay sí, ay sí! ¡Me escuchasteeeee! dadadadada qué feliz estoy. Te hiciste esperar, puto. Creo que nunca me alegré tanto de verte. No vuelvas a asustarme así.. sabés que tengo una cabeza pesimista, pensé que no vendrías. ¿Justo esta vez tenías que tardar? Sabés como tengo los nervios.
La película dramática inevitablemente se reprodujo en mi cabeza, pero ahora no parece más que un grotesco. El alivio que experimento en estos momentos.. Exageré, lo sé. Vení, quiero darte un abrazo. Puedo respirar de nuevo.

viernes, 16 de noviembre de 2012

No me abandones

Creo que, en algún momento, te terminás encariñando con aquel que detestaste durante tantos años. Te encariñás cuando comienza a volverse necesario, y realmente no querés que te abandone. Muchas veces me olvidé de él, cayó de sorpresa y para colmo fue recibido con mala cara. ¿Será por eso que ya no querrá visitarme más?
Es de personalidad complicada.. cuesta acostumbrarse a él, no tiene esa facilidad para "hacerse querer", pero a la larga, como ya dije, lo logra.
No tiene sentido que se enoje conmigo ahora, hace meses que pienso en él casi constantemente, deseando verlo cuando es estipulado. Con un poco de ayuda se volvió puntual, para mi gran alegría. No más sorpresas, y eso hizo que me encariñase.
Por eso ruego que no me abandone, lo quiero, lo necesito, aún no estoy lista para deshacerme de él. ¡Volvé, por favor! Te extraño, no retrases más tu llegada, a menos que quieras que la contractura del hombro se termine de convertir en piedra, irreversible, pesada. Y vos no querés eso, porque, aunque me costó admitirlo, ya sos parte de mí.
Intento tranquilizarme, consolarme a mí misma insistiendo e insistiendo que en algún momento volveré a verte, en un futuro cercano me encontraré con vos nuevamente. En cuestión de días. Es lo que más quiero, en estos momentos. Sino, no sé que voy a hacer. No lo sé.

lunes, 8 de octubre de 2012

Aprender a no planear

Tengo que aprender a no planear.
Porque cuando las cosas no salen,
me frustro. Mucho.
Y tengo tendencia
a que las cosas no me salgan.
Y me frustro más.
 
Sos tan inflexible, Magalí.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Antes de que empieces a leer: disculpame, che.


Que alguien me haga el favor de explicarme qué me pasa, por favor. Que alguien sea capaz de descubrir por qué me está costando tanto unir dos párrafos coherentes para expresar algo. ¿Por qué? ¿Eh? Dame una razón.

Es más fácil escribir cuando uno está triste. Okey, bueno, estoy de acuerdo con eso. Pero tampoco es que haya pasado unas semanas de fiesta continua. Tuve mis momentos de bajón. Mis momentos de angustia, de dudas. De muchas dudas. La diferencia, tal vez, sea que las dije directamente. O algo así. Las expresé con palabras, cara a cara, y blablá. Gasté energías ahí, pude resumir mi mamarracho de preguntas en una o dos frases, y ya no me quedó más inspiración para escribir. La inspiración es limitada, Magalí. Cuidala.  

Igual, no me arrepiento. No suelo arrepentirme de las cosas. Ni siquiera del período negro con doña Bernardi, que viéndolo a la distancia fue realmente pelotudo, pero me sirvió para darme cuenta que la quiero conmigo a pesar de cualquier circunstancia :$. Debo admitir que tampoco me arrepiento del distanciamiento con otras personas que creí tan cercanas a mí. Me engañé a mi misma, digamos. Y ellas también se engañaron. En algún momento iba a pasar, tarde o temprano, podría decirse que era inevitable, y en el fondo siempre lo supe. Defectos que no estaba dispuesta a tolerar, y ellos tampoco estaban dispuestos a tolerar algunos defectos míos. Distanciamiento natural.

Voy avisando que esta no será una entrada muy ordenada. Para cubrir una falta de contenido, hago un menjunje de ideas, de pensamientos, que tuve en el período de ausencia por acá. Los que me acuerde, obvio. Y los que crea apropiados. Todavía hay algunas cosas que prefiero guardarme (menos mal, sino estaba en el horno. Ni vida privada tenía).

Y es que me cuesta bastante guardarme algunas cosas. Casi diría que no tengo secretos. En estos momentos se me ocurre uno solo. Pero me refiero a secretos secretos, de esos que no le contás absolutamente a nadie. Será que de esa manera busco llamar la atención. ¿Quién no lo hace, en algún momento? Todos queremos llamar la atención, aunque no lo admitamos. Queremos que nos vean. Y en realidad no es algo malo. A veces lo molesto está en el modo. Existe gente más obvia y mas histriónica que otras. Cada uno llama la atención a su estilo. Eso es lo que yo creo en este momento. Tal vez mañana cambie de opinión.

Como cambio de opinión todo el tiempo. Ehm, no. Mentira. Con las cosas más relevantes no suelo cambiar de opinión. Hace meses que me harté de las chapas, las clases, de los conteos. Y no cambié mi parecer. Poco tiempo después, definí mis sentimientos. Y tampoco cambiaron. Este es el segundo año que mantengo mi postura de permanecer como público, y no me echo para atrás.

Pero hay muchas cosas sobre las cuales dudar, y creo que de todas ellas, dudo. De los detalles, y de lo que no depende de mí.

Que entrada de mierda. No me gusta ni un poco. Es desordenada y aburrida, ni la quiero leer para revisar cohesión ni ortografía. La publico nada más para evitar que esto muera. Lector (Facu), disculpá por hacerte perder tiempo en esta entrada horrible.  

miércoles, 15 de agosto de 2012

Las pruebas de tu permanencia

Es bastante frustrante regresar al cabo de un tiempo y ver que nada ha cambiado pero sin embargo ya nada reconoces. Saber que aquel sitio que tanto te gustó ya solo son recuerdos satisfactorios, que ahora solo te genera confusión. Mirás a tu alrededor, y sí, ese árbol siempre estuvo ahí, el techo de aquella casa siempre fue rojo, y todavía podés recordar las palabras de esa anciana amable que te aconsejó pasear al perro por el sendero marcado. Pero no te encontrás. Reconocés los objetos pero no hallás su esencia. Sos una desconocida en tu propio ámbito. ¿Qué mierda pasó?
Impecable fue tu estadía en aquel entonces. Luego te tomaste vacaciones, y al regresar no pudiste instalarte más. Y ahora querés abandonar por completo. Ya casi ni te interesa obtener las fotografías que dejaste en el pendrive. El pendrive está ahí, vos sabés dónde, pero no lo podés alcanzar. Y como no podés, no querés. Bajás los brazos, le das la espalda al vecindario que con tanto entusiasmo recorriste. Querés convencerte a vos misma de que no querés las fotografías, las pruebas de tu permanencia. 
Sabés que en el futuro, si algún día te preguntan si visitaste aquella ciudad, vos dirás que sí, y manifestarás unos cuantos recuerdos borrosos. Pero tus palabras no serán tan legítimas como si mostraras las fotografías. Querés hacerte creer que no te importa. Que esto, de todas maneras, no es lo tuyo. Que te sirvió para encontrar tu lugar favorito, desde luego; pero el vecindario en su totalidad no es de tu preferencia. Solo la mitad de las casas. Y ya está en tus planes recorrer otras ciudades, adquirir fotografías más relevantes. Pero ésta, no.
Y mirás a tu alrededor intentando reconocer algo, de todas formas. Pestañeas repetidas veces, exprimís tu cerebro hasta provocarte dolor de cabezas. Entonces, caes de bruces sobre la hierba, te volvés chiquita, ignorante, abrazás tu cuerpo intentando contenerte y pegás la cara al suelo mientras las lágrimas comienzan a correr. Sos un simple usuario, otra vez. Y te rendís. Ignorante.  

domingo, 22 de julio de 2012

Mision Cumplida

Nunca le di un final concreto al asunto. Simplemente otras historias fueron tapando lentamente la nuestra. Fuiste esfumándote, reapareciendo esporádicamente, haciendo pequeños y absurdos actos de presencia en capítulos que ya nada tenían que ver con vos.
Sin embargo, como siempre dije, nunca te dejé ir. Aunque, ahora me doy cuenta, nunca estuviste realmente. Eras una historia cuyo final imaginaba, deseaba, pero por mucho tiempo fui incapaz de escribir. Hoy, por fin, la idea se tradujo en tinta.
Encuentro esto demasiado egoísta de mi parte. O demasiado racional. Lo qe me mantenía sujeta a tu manga no era el anhelo hacia tu persona; era más bien el afán de llegar a un objetivo. En realidad, lo que quería era cumplir una meta personal, lo que me había propuesto y no había logrado conseguir.
En un cajón de mi mente se sacudía nuestra historia que, aunque fuera vueltera, indecisa, llena de frustración y mofa, fue el primer capítulo del libro. Construída más sobre idealizaciones que realidades, con vos empezó mi experiencia.
Me llamó la atención que nuestro último encuentro tuviera el mismo formato que el primero. La diferencia radica (además de los barrios recorridos, y ambos tener dos años más que la primera vez), en la seguridad que adquirí en mí misma. Si bien no es total y aún me queda mucho por trabajar, la confianza tomada tras una mínima experiencia, me permitió animarme a más. Sí, soy chiquita, pero al menos en mí opinión, tener catorce no es lo mismo que tener dieciséis. Vos actualmente te restás un par de años, yo te dije que si no te conociera, diría que realmente tenés la edad que pretendés simular. Como sea, sentí que esta última vez pude finalizar el encuentro como en realidad deseaba finalizarlo en el primero de todos, hace dos años. Me permití avanzar y dar por logrado mi objetivo. Al fin, puedo decir: misión cumplida.    

viernes, 20 de julio de 2012

Contractura

Tengo un hombro más arriba que el otro. Podría decir que es una más de mis incontables deformidades físicas, pero esta vez no lo es. Se trata simplemente de una contractura, gigante y eterna, que insensibiliza mi hombro izquierdo. En serio, pueden ejercer cualquier tipo de presión, y yo no voy a sentir nada. Cuando me hacen masajes, solo siento el apremio sobre el hombro derecho. El izquierdo ni se entera. No es una contractura actual; está ahí desde que supe que existían las contracturas. Pero hay temporadas que el dolor remite, y otras en que la tensión se incrementa.
En este momento, me duele mucho.
No sirvo para esto. Ni siquiera me gusta. ¿En qué mierda me metí? Y no puedo pensar, no puedo hacer más que seguir describiendo síntomas físicos de tensión. Me duele el hombro, y esa zona de la espalda debajo de las costillas. La mandíbula tensa, el ceño endurecido, los labios apretados. Mis huesos quieren enseñarle percusión al mundo. Crac, crac, crac, los dedos. Crac, crac, crac, ladeo la cabeza hacia un lado. Crac, crac, hacia el otro. Y me duele la frente, la cabeza. Mi cutis se brota, Y la re puta madre. Nunca más. Estoy temblando, literalmente.
Sos una histérica, Magalí. Respirá.

martes, 3 de julio de 2012

Cada vez menos

Y nos volvemos a encontrar. Te miro, y no te veo. Te busco, y no me encuentro en vos. ¿Qué te pasó? ¿Qué me pasó? Distancia limitada, condicionada por terceros. No puedo, ni pretendo, despedirme de vos. Sólo… dame un tiempo. Para extrañar necesito tiempo.
El problema está cuando mi espalda encuentra un apoyo en su camino, cuando mi marcha se encuentra bloqueada. Una pared. Ladrillos míos, ladrillos ajenos. Unos más pesados que otros, pero todos necesarios para construir la muralla.
Me planteé varias veces dejarte por completo. Esto ya no es lo mismo, le falta algo. ¿Pasión? ¿Qué, esto es como una relación? ¿Se volvió rutinario, me aburriste? Te amo pero…
No sé si quiero seguir, pero no puedo dejar. Es que las cosas pierden gracia cuando le agregas el “debo…” adelante. “Debo seguir”. “Es mi obligación seguir”. ¿Y si no? ¿Y si no quiero? ¡No quiero continuar! Y veo una patada voladora impactar en mi estómago.
Falta tan poco, y a la vez es tanto tiempo. Si ya estamos acá. No puede ser que nunca termines nada, lo único que quiero es que termines algo. Elegiste esto, bancátela. Son solo dos años más. Un año y medio. Una eternidad.
Si bien por lo general es una cualidad de la que estoy orgullosa, en estos momentos detesto mi sentido práctico. Otra salida… es útil, con sólo diecisiete vas a tener un título, una gran ventaja.
- Es una picardía dejar ahora…
- No es una picardía, es una pelotudez.
Y ahí metiste la cuota de presión que lo único que hace es disminuir las ganas. Como si no estuvieran por agotarse completamente. Siento ese vacío en el estómago cuando veo que llega nuevamente la hora encararte, y me destroza querer decirte que no; también me destruye ceder.
Culpabilidad. Si te dejo seré presa de la culpabilidad. Pero cada vez te disfruto menos.

sábado, 9 de junio de 2012

20 segundos

Ya va siendo hora
de que cambies un par de actitudes ¿no?
Ya demostró bastante, ahora te toca a vos.
Veinte segundos de valor. Solo veinte segundos,
es suficiente. Animate a dar otro paso.


miércoles, 30 de mayo de 2012

Conjeturas al pedo

- ¡Ay, no puede ser! – exclamé en un suspiro ligeramente angustiado, en la soledad de mi comedor, tras leer ese comentario que, si proviniese de cualquier otra persona, me habría alegrado.
No debería emplear este tiempo en vos. Nunca debería gastar tiempo en vos. Ahora debería estar practicando con Fireworks, con Dreamweaver. Pero no, por alguna estúpida razón, decidí entrar a tu muro y ponerme a investigar. Tal vez buscaba, en vano, alguna señal de idiotez, de un coeficiente intelectual subterráneo. Me corrijo: no buscaba un coeficiente intelectual subterráneo. No se puede adivinar el IQ de las personas basándose en sus publicaciones de Facebook. Sin embargo, ahora que recuerdo, me contaron que tu desempeño académico no es muy brillante. Mas de eso no quería hablar ahora, en realidad este párrafo no tiene importancia.
Quería hablar sobre lo desconcertada que estoy al ver que tenemos tantas cosas en común (pero tantas, que asustan, no sé si sos consciente, ya que vos evidencias mucho más tus gustos vía Facebook que yo) y que, si hubiéramos “empezado” con el pie derecho, tal vez ahora nos llevaríamos genial. Pero no es así, por cosas de la vida supe de tu existencia ya con la idea predeterminada de una amenaza. No sé cómo habrá sido tu primera percepción de mí. Admito que me da mucha curiosidad. Me gusta imaginar, aunque en realidad es una actividad inútil, qué pensarás vos.
Nuestra prácticamente nula relación, estuvo plagada de tensos silencios. Algo que vos y yo sabemos, pero nunca ponemos en palabras cuando estamos frente a frente. Nunca hablamos directamente, y nunca respondemos las alusiones mezcladas. Un escueto beso en la mejilla, cortesía rayana con la hipocresía, cuando frecuentamos las mismas amistades. Sin palabras, solo algunas miradas de soslayo, que no termino de saber si son tímidas, temerosas, o sólo demasiado precavidas.
El recelo que te tengo no es para nada personal. Es lo que cualquiera siente con cualquier persona que significa una amenaza.  Una competencia. ¿Esto terminó? Sé que estoy extendiendo exageradamente esta desconfianza, pero ¿Puedo considerarme ganadora? Magalí, Magalí, tonta Magalí… es imposible determinar un vencedor cuando hay un solo competidor. La única que veía todo esto como un jueguito de ganadores y perdedores, eras vos. Estúpida. Madurá. El premio no es un objeto, tu oponente es ficticio, y vos en realidad no estás jugando a nada. No conjetures al pedo.

martes, 1 de mayo de 2012

¿Dónde está tu cerebro?


¿Qué? ¿Ahora resulta que tampoco te quedan palabras para mí? ¿Dónde está tu cerebro? Empiezo a creer que desapareció, que se desintegró. Así de simple me abandonás. Me dejás tirado. Te dejás llevar por una opinión represora, y me apartás. Y así terminaste. Notás que algo te falta. Yo. Te falto yo. Y es completamente tu culpa. Creo que la cartelera de entrada que vos misma elegiste (Hay una cabeza que no tiene paz), nunca hizo tanto honor a tu estado como lo hace ahora. Definitivamente, no tenés paz, estás hecha un mamarracho, y hasta empiezo a dudar de tu verdadera capacidad. O antes te tenía demasiada estima, o de repente intercambiaste cerebros con un ñandú. Que esconde la cabeza bajo tierra. ¿Esa sos vos? ¿Así de cagona? Sabía que eras temerosa e insegura, pero creía que la terapia hacía efecto. Estabas mejor. ¿Qué te pasó? No te entiendo, la verdad que no te entiendo. Sos una superficial, hueca. Tu cráneo hace eco. Se te licuó el cerebro, chabona. ¿Qué onda?
Barajaste mil opciones y descartaste todas. Entonces ¿Para qué? Parece que te afecta de verdad. Te gustaba sentirte inteligente con lo anterior, pero más te gusta cuando piensan por sí mismos. Me parece perfecto, pero no contabas con el hecho de ser vos la estúpida. Fantaseabas con una charla de igual a igual sobre física cuántica. Y descubriste que no es así. Y entre que reúne todas las cualidades que deseabas, y que encima no tenés un IQ de 320, lo poco de pensamientos útiles que tenías se redujeron a cero, y lo que queda en tu cabecita son reiterativos e infinitos comentarios idiotas más acordes a una mente de siete años que a una de dieciséis. Esa no eras vos. No que yo sepa, no era lo que mostrabas.
Dejaste de dibujar, dejaste de escribir. Sos una trucha. Tocar siempre el mismo vals en el piano no te convierte en pianista. ¿Dónde tenés la cabeza? Demasiado ocupada en vos misma. Te olvidás de todo, de frases, de momentos. Los fragmentos más relevantes desaparecen de tu mente y solo queda una conclusión colgada, estudiada de memoria, sin argumentos, sin fundamentos, sin un camino que converja. No sé qué te pasó. Pero vamos mal.

jueves, 12 de abril de 2012

Un reto II

Te dije que no lo ibas a lograr.
Basta. Ahora callate vos.
Sos débil. Pero podés seguir intentando.
¿Querés una segunda oportunidad?
Eso ni se pregunta.

martes, 10 de abril de 2012

Un reto

Te propongo un reto, Magalí. ¿Aceptas?
Sí, acepto.
Te reto a permanecer callada.
Fácil.
No lo creo. A que no durás ni hasta el fin de semana.
Ya veremos. Voy a ganar. 

jueves, 5 de abril de 2012

Bucear en el mar

En un determinado momento, a una le entran ganas de abandonar el bote y bucear en el mar. En ese mar tan grande, desconocido, lleno de sorpresas, el cual probablemente nunca lleguemos a conocer por completo, ni mucho menos comprender. Ese océano azul, inmenso, que pareciera no tener fin; similar al cielo, sólo que tangible, mucho más real. Podemos tocar las aguas, pero no sentimos las nubes. Por eso, en determinado momento, decidí sumergirme en el mar.
Empecé de a poco, digamos. Al principio solo me mojé los pies, pero la mayor parte de mí todavía estaba volando entre las nubes. Etapa un tanto confusa, solo nadaba en un pequeño charquito, pataleaba y salpicaba esperando, en vano, que el agua se multiplicase. Pero no eran más que gotitas, a las que me aferraba casi con fanatismo, producto de las inexplicables ganas que tenía de, al fin, nadar en el mar. El problema era que no aprendía a plegar mis alas, y seguía volando alto, sin poder sentir las nubes. Gaseosas, intocables, que nada tienen en común con el mito infantil del algodón. 
Más tarde, me enseñaron a hacer la plancha. Flotar en el agua. Es lindo, claro que sí. Flotar. Relajante, placentero, y pasado un tiempo tal vez se torne algo aburrido. Quiero decir, todo lo que hacés es mantenerte en la superficie del océano, con la vista fija en el cielo. Va a llegar un momento en el cual algo te desconcentre, interrumpa tu relajado equilibrio. Entonces te hundís. Sin querer acabás siendo arrastrado por una de esas corrientes oceánicas, vértigo y desesperación, inestabilidad absoluta, hasta que te encontrás tendido en la playa.
Ese momento, para mí, fue reconfortante. Mis amigos me ayudaron a ponerme en pie, a secarme. El sol brillaba en lo alto y las nubes me tentaban, pero yo hundía mis dedos en la arena, decidí mantenerme a salvo, en tierra firme.