Creo que, en algún momento, te terminás encariñando con aquel que detestaste durante tantos años. Te encariñás cuando comienza a volverse necesario, y realmente no querés que te abandone. Muchas veces me olvidé de él, cayó de sorpresa y para colmo fue recibido con mala cara. ¿Será por eso que ya no querrá visitarme más?
Es de personalidad complicada.. cuesta acostumbrarse a él, no tiene esa facilidad para "hacerse querer", pero a la larga, como ya dije, lo logra.
No tiene sentido que se enoje conmigo ahora, hace meses que pienso en él casi constantemente, deseando verlo cuando es estipulado. Con un poco de ayuda se volvió puntual, para mi gran alegría. No más sorpresas, y eso hizo que me encariñase.
Por eso ruego que no me abandone, lo quiero, lo necesito, aún no estoy lista para deshacerme de él. ¡Volvé, por favor! Te extraño, no retrases más tu llegada, a menos que quieras que la contractura del hombro se termine de convertir en piedra, irreversible, pesada. Y vos no querés eso, porque, aunque me costó admitirlo, ya sos parte de mí.
Intento tranquilizarme, consolarme a mí misma insistiendo e insistiendo que en algún momento volveré a verte, en un futuro cercano me encontraré con vos nuevamente. En cuestión de días. Es lo que más quiero, en estos momentos. Sino, no sé que voy a hacer. No lo sé.
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