Probablemente mi proceso de selección sea el normal… aunque a veces me asusta el parecido. Es como si buscara adrede una persona con determinados defectos, esos defectos ya conocidos. Pero ser conocidos no los hace más tolerables. En uno me genera enojo; en el otro, desilusión.
Me lastima estirar la mano y no poder tocarte, que ante las circunstancias construyas una pared invisible, divisoria y compacta. Estableces un muro de vidrio antibalas entre nosotros. Tu cuerpo se retrae casi con miedo, tus ojos escrutan el entorno evitando mi posición, y me pregunto cuál será exactamente tu temor. Me duele no poder ayudarte, que vos no quieras ser ayudado. Se supera enfrentando, pero vos no pareces tener el más mínimo interés en cambiar algo. Y ¿adiviná qué? eso duele.
No tiene nada que ver con vos. Es un problema suyo. Lo sé. Pero mi ego es lo suficientemente grande como para pensar, en ocasiones, que el asunto es personal.
Si te pudieras ver desde afuera a vos mismo, tal vez notarías la rigidez de tu comportamiento. Ojalá te pudieras soltar, dejar fluir, dar pase libre a la espontaneidad…
Nos vemos tan estúpidos clavados al suelo uno junto a otro, como forzando una cercanía no deseada. Quizás realmente no sea deseada, y en tal caso preferiría que me lo dijeras. No comprendo las indirectas, me cuesta mucho estar segura de haber captado alguna. Me siento tan estúpida rozando tu mejilla, tan forzada, tan limitada.
El disimulo es absurdo cuando ya no hay nada que esconder. Tenés que admitir que esto ya es noticia vieja, nadie se sorprende, a nadie le importa. Llama más la atención el disfraz con el que insistís cubrirte.
lalalalalalalalalalalalalalalalalalalalalalalala
me distraje, chau.
No hay comentarios:
Publicar un comentario