miércoles, 12 de octubre de 2011

Descarga

Ya dediqué, sin saberlo, una entrada a este compositor francés (francés tenía que ser). La canción del video publicado en Sos una Brisa, junto con la banda sonora de la película Amelie (una de mis favoritas), fue compuesta por Yann Tiersen
La verdad que hay momentos en los que necesito escuchar sus notas. No me preguntes por qué, pero me acarician el corazón. Como si lo envolvieran entre dos cálidas manos. Necesitaba esto. Este calorcito agradable en todo el torso. A lo mejor, dentro de un rato suelte alguna lágrima. Las que no dejé salir por la tarde. Desgana. De eso se habló hoy. 
Es lo que te gusta, ponete las pilas. Sí, okey, esto me gusta, pero.. ¿Mi vagancia puede más? Yo no me quiero dedicar a esto, es tan sólo un hobbie. Me dicen que tengo potencial en la disciplina, pero no me veo frente a una clase, recitando un conteo de ochos o marcando coreografías. Yo nada más quiero bailar, descargar. Tengo diferentes maneras de descargar. Ahora me doy cuenta que el tap, es una. Me corrijo: a lo mejor no descargo, pero sí olvido momentáneamente. Cuando mi cerebro lo único que hace es tratar de recordar el paso siguiente mientras intenta encajar los sonidos en la música. Sin embargo, cuando estoy en mi casa, acelerada, me  mando alguna que otra combinación con energía, dejando que la fuerza y la velocidad guíen mis pies. Ahí, hay descargue.
Esta es otra manera: mi blog. Cualquier desconocido que lea esto pensaría que soy una mina depresiva, y no es tan así. Solo que muchos de mis momentos depresivos los plasmo acá, los descargo escribiendo. Y ahora, que por alguna razón me encuentro bajoneada, me puse un poco de música con tonalidad francesa a todo volumen y dejé que mis dedos recorran el teclado sin restricciones. 
Ahora me siento un poco mejor, pero sigo estando mal. Cada vez me duele más la distancia. Cada vez me duele más tener que ver su partida, aún sabiendo que la semana próxima nos volveremos a encontrar. Siete días, o seis, o cinco.. no parece tanto. Pero yo empiezo a extrañarlo apenas dice que ya es hora de irse. Debo decir que no me llenan los sms insípidos, no siento las conversaciones por msn o facebook. Sólo cuando hablo por teléfono, cuando escucho su voz, sus tonos, su risita, sólo entonces lo siento un poco más cerca. Pero nada, absolutamente nada, se compara con sus abrazos. Sentir su tacto, su aroma.. nada se compara. Nada es suficiente si lo comparo con la intensidad de su mirada. 
Y tengo miedo. Me da miedo que se aburra de mí, que no sea lo que él esperaba. Hago lo posible por darle su espacio: no le mando mensajes todo el día, no le digo todo el tiempo te amo, ni te extraño; no pongo objeciones cuando quiere ir a una joda, o a bailar; no le hago un drama cuando veo todas las fotos abrazado a sus amigas... lo extraño con locura, pero me trago mis celos intentando ser racional. Me esfuerzo por no ser una novia hincha pelotas, por no ser una histérica controladora. Pero la paso un poco mal. 
Todavia no estoy llorando. Me sorprende.
Busqué entre mis contactos a un Salame que ahora actúa de amigo. Ya sabés de quién hablo; luego de saltar con el paracaídas, recargué mi avión con otro tipo de combustible. Al menos por ahora, me está funcionando bien. Como sea, busqué entre mis contactos a un Salame, quien pudiera arrancarme una sonrisa con comentarios desubicados. Pero sufrí otra desilusión al ver que no estaba. Recién luego de eso, recurrí a mi amigo blog, el que siempre está. Mi Pensadero, tal vez, si viviera dentro de un libro de Harry Potter. Dumbledore tiene su Pensadero, yo también
Ahora me siento mejor, la música de Yann Tiersen acompañándome en todo momento, a lo largo de toda la entrada. Me sirve de inspiración, you know. No lloré. Y sin embargo siento alivio. Descargué por otro lado. Puedo descargar bailando, llorando (contra mi voluntad, la más recurrente) o escribiendo. También me sirve el no ser interrumpida. Eso me baja a la realidad. Sin embargo, yo prefiero dibujar la realidad acá, reproducirla, imitarla vagamente. La realidad de mi cabeza, me refiero. No lo tangible. Acá, siento que nadie me juzga, y siempre me resultó más fácil escribir que hablar. Yo jamás podría decir todo esto en voz alta. ¿Verguenza? Tal vez. Pero.. ¿Importa? Ya encontré una forma de exteriorizarlo. Y eso me hace sentir mejor.

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